Solaris: el sentido de lo cósmico, su relación con la inteligencia y el mundo externo

Por: Viviana Yaccuzzi Polisena.

Universidad Católica de Córdoba-UCC

El problema del mundo externo es muy tratado en la ficción.  Por ejemplo, Solaris (1972) es un film perteneciente al género de ciencia ficción, basado en la novela del escritor polaco Lem Stanisław. El argumento central describe el contacto con inteligencia extraterrestre y los esfuerzos de los humanos por comunicarse con un inmenso ser vivo al que no pueden comprender, el océano del planeta, es el principal protagonista de la historia. Observamos que el film recurre al simbolismo del agua ya que el océano es el único ser vivo inteligente del planeta Solaris. La trama comienza cuando el doctor Kris Kelvin viaja al planeta Solaris para investigar unos extraños sucesos en la estación espacial Prometheus que está situada en la órbita de un planeta, el cual está habitado por un único ser vivo, el inmenso océano. Sin embargo, una vez allí se enfrentará a algo totalmente desconocido que pone a prueba toda su experiencia profesional lejos de toda lógica humana y científica.

En la estación espacial, los deseos más íntimos resguardados en los recuerdos más recónditos se materializan en unos seres vivos denominados “visitantes” o “creaciones F”, estos, pueden sentir ser heridos, querer. La obra hace evidente que la gran tarea del ser humano es relacionarse con lo desconocido. Estos componentes hacen que Solaris se oriente a un público hacedor de preguntas y cuestiones relacionadas con la vida. Además, plantea cuestiones fundamentales como el sentido de lo cósmico y su relación con la inteligencia y el mundo externo, el deseo de conocer, la importancia del conocimiento y el sentido del rol del ser humano para otro ser humano. Las respuestas a los más profundos cuestionamientos no se intentan encontrar en el exterior, es decir, no en un macro-cosmos, sino en el interior del hombre.

Los tripulantes de la nave comprueban que el océano pensante es capaz de reproducir los sueños, recuerdos y pesadillas de la mente humana cuando duermen. En ciertos momentos se aborda la vanidad de la ciencia y se reflexiona sobre la muerte, el amor y la inmortalidad. La sentencia más significativa al respecto es el veredicto que dan a Berton, el primer astronauta en ir a Solaris, cuando termina su relato de lo que vio y vivió en el lejano planeta.

“Se concluye que el relato de Berton no tiene relación con la realidad, o por lo menos ninguna relación apreciable”.[1]

Las nociones principales del film son las de mundo externo y alteridad, ellas son nociones conectadas entre ellas. Entonces, podríamos preguntarnos ¿El film es Ciencia Ficción? o ¿La Ficción es Ciencia avanzada?, teniendo en cuenta que data de la década de los 70, en el cual discurre la idea de un ser inteligente diferente a nosotros. Lo que sorprende a los tripulantes, es que dicho océano de Solaris podría haber respondido a la intervención del ser humano, ya que los científicos interactuaron con él irradiándole rayos X.

 “Tú deberías saber que la ciencia sólo se ocupa de los fenómenos, no de las causas. ¿Los fenómenos? Empezaron a manifestarse ocho o nueve días después de esa experiencia con los rayos X. Tal vez el océano haya reaccionado a la irradiación con alguna otra irradiación, tal vez haya sondeado nuestro cerebro, encontrando quistes psíquicos.”.[2]

Se plantea la posibilidad de que el océano sea capaz de captar las vibraciones de las emociones y los pensamientos más profundos de los tripulantes y, materializarlos.  Al hacerlo, los hace visibles ante los tres tripulantes de la estación. Una reflexión importante es la que expresa que la vergüenza es el sentimiento que salvará a la humanidad, y ese sentimiento tiene una vibración diferente al sentimiento del amor y de la piedad.

De la materialización del sentimiento aparecen seres no humanos, individuos que son copias con una estructura subatómica diferente. Su composición está basada en neutrinos auto-regenerativos, lo que los convierte en inmortales. La interacción con el océano hizo que éste materializara lo que los humanos tienen guardado en lo más profundo de su memoria, y el visitante copia que llega a la nave, revela poseer más conocimientos que el ser humano auténtico del que son copia. Esto es, porque su conciencia se nutre de las experiencias que el tripulante en cuestión ha tenido durante su vida.

“¿Qué son las creaciones F? No son individuos autónomos, ni copias de personas reales. No son más que proyecciones cerebrales materializadas, que se refieren a un cierto individuo”.[3]

Observamos que la dificultad se encuentra en las relaciones y comunicaciones del hombre consigo mismo y con los Otros; éste podría ser el motivo de que la estética de la película es sombría, y detrás de cada escena subyace un discurso filosófico y moral relacionado con la perdida, la muerte, la vergüenza, la soledad, la dualidad ideal, la intersubjetividad. La noción de intersubjetividad y la interacción entre los tripulantes de la nave y el océano del planeta que representa el mundo exterior, produce un cambio rotundo en la teoría del conocimiento tradicional, ya que elimina la idea de objeto pasivo. La vieja concepción de un objeto cognoscible pasivo y sujeto cognoscente activo como base del conocimiento se muestra obsoleta y, sobre todo, equivocada.

Los investigadores experimentaron con el océano mediante rayos X sin imaginar que el océano era un ser vivo que reaccionaría ante la intervención humana materializando visitantes que se nutren de la huella más durable de la memoria lo más profundo que cada uno tiene guardado en su recuerdo y no como un simple objeto pasivo.

“Todo parece normal, pero es un camuflaje. Una máscara. En cierto sentido, es una supercopia, una reproducción superior al original. Me explico: en el hombre hay un límite básico, un término de divisibilidad estructural; en cambio aquí las fronteras son mucho más amplias. Estamos en presencia de una estructura subatómica”.[4]

El ser humano intenta comprender lo desconocido lejano, pero no intenta comprender a los otros seres humanos cercanos; no sólo tratamos al Universo como algo extraño, sino que entre nosotros también nos tratamos como extraños. La ausencia de un desarrollo positivo de la alteridad se hace cada vez más notoria en la humanidad, no somos capaces de intercambiar la propia perspectiva por la perspectiva del Otro.  En este sentido, al ser humano le hace falta Otro ser humano para darse cuenta que nos esforzamos por cosas que no necesitamos y, también, de cuáles son los auténticos anhelos del hombre.

Solaris más que un viaje al espacio exterior, es un viaje al interior del hombre donde habita la esencia de la humanidad. Ésta va más allá del conocimiento que proporcionan los sentidos, por ello en uno de los diálogos se plantea la posibilidad de irse o quedarse en el planeta y la respuesta de uno de los investigadores es que si “nos quedamos quizá no aprenderemos mucho sobre Solaris, pero si aprenderemos algo acerca de nosotros mismos”.

La trama nos plantea dos cambios rotundos:  i) en la noción del Otro: lo que pensamos y creemos del Otro constituye a ese Otro, se da un diálogo de intersubjetividades en la constitución del otro; ii) en la superación de la presión asfixiante de las dicotomías objetivo / subjetivo: la mente no construye el mundo, la mente y el mundo conjuntamente se constituyen. Es decir, el conocimiento del mundo externo no es independiente de nuestras mediaciones conceptuales, sino que el mundo tal y como es depende de cómo nuestra mente lo construye desde un cierto marco conceptual.

Por lo que se concluye que en el conocimiento no existen objetos independientes de la mente, sino que la mente y el mundo, en un proceso relacional, se constituyen entre sí. Estas nociones cambian la perspectiva de mundo exterior. Cada humano forjado en el ámbito intersubjetivo constituye al Otro y el Otro nos constituye.

[1] Lem, Stanlislaw. (1961). Solaris. Trad. Matilde Horne y F. A. Pág. 69.

[2] Lem, Stanlislaw. (1961). Solaris. Trad. Matilde Horne y F.A. Pág. 60.

[3] Lem, Stanlislaw. (1961). Solaris. Trad. Matilde Horne y F. A. Pág. 82.

[4] Lem, Stanlislaw. (1961). Solaris. Trad. Matilde Horne y F.A. Pág. 81.

 

One thought on “Solaris: el sentido de lo cósmico, su relación con la inteligencia y el mundo externo

  1. Profundas y suaves reflexiones y en miopinión,muy próximas a lo que será verdad en un futuro no muy lejano.
    Romperemos la barrera de conocimiento y comunicación entre nosotros, y con nostros me refiero no solo a los humanos, sino a el reino vegetal y animal… incluso mineral!
    Podremos ver cuánto de ellos somos nosotros y observar como hemos estado ahí, frente al otro sin notarlo siquiera, porque no nos notabamos a nosotros mismos. A mi misma.
    gracias por el valioso aporte,

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *


*